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Actualizado: 4 de noviembre de 2009
Monarquía es corrupción
Los escándalos de corrupción se multiplican. Desde Almería a Barcelona, desde Madrid a Valencia, desde Sevilla a Mallorca. Ayuntamientos, diputaciones, instituciones públicas, autonomías parecen invadidas por bandas de ladrones, prevaricadores y desviadores de fondos públicos. Cada telediario empieza con un rosario de detenciones y procesamientos de alcaldes, concejales y cargos políticos y de empresarios cuya principal empresa es la compraventa de favores políticos, de adjudicaciones de obras públicas, informes ficticios o contrataciones con instituciones y partidos políticos institucionales.
El Partido Popular, emanación del aparato de Estado heredado del franquismo, es el más afectado. Pero la corrupción afecta no sólo a otras agrupaciones franquistas (El Ejido) y burguesas (CiU, PNV, CC): se extiende al Partido Socialista (Santa Coloma de Gramenet, Mercasevilla) y a IU-PCE (caso Camas, en Sevilla).
El llamado transfuguismo en los ayuntamientos es otra cara de la misma moneda. Espectáculos como la compra del gobierno de la Comunidad de Madrid por las constructoras a través de los tránsfugas del PSOE Tamayo y Sáenz se suceden sin que nada les suceda a su responsables.
Todo el sistema está roído por la corrupción. Todo el sistema es corrupto. La Monarquía presidida por el heredero de Franco es un régimen corrupto en el seno de una corrupta Unión Europea
Los negocios del monarca
Los borbones españoles exiliados en Roma y más tarde en Estoril no disponían de grandes medios. En el exilio, apartados de “su Estado”, vivían en buena medida de los subsidios de aristócratas y empresarios españoles, así como del propio régimen franquista.
Hasta la coronación de Juan Carlos I. Hace pocos años, los medios de comunicación que no guardan el pacto de silencio sagrado sobre las actividades del rey, asignaban al rey una fortuna de más de 1.700 millones de euros, una de las mayores del Estado español.
Ciertamente la familia real tiene sus gastos cubiertos a costa del contribuyente, recibiendo cada año una cantidad que según la constitución debe administrar para el “sostenimiento de la familia real” y de la que por mandato constitucional no rinde cuentas de ningún tipo ni al Parlamento ni al Tribunal de Cuentas ni a nadie, y tiene pocos gastos, porque le pagamos con cargo al Patrimonio Nacional yates y palacios, desde otros ministerios el personal, los viajes, la seguridad... Este año la asignación ha sido de 9 millones de euros. Sin duda habría que ser un genio de las finanzas para ahorrar 1.700 millones en 30 años con una asignación de menos de 200 en total.
Especuladores y muñidores de negocios como el tráfico de armas se mueven en el círculo de amistades del Borbón, al que se ha atribuido en medios de comunicación el cobro de comisiones por intermediación en contratos del Estado con Arabia Saudí, Siemens, Lockheed y otros. Este enriquecimiento corresponde al papel internacional de la Monarquía como agente del imperialismo, y por tanto valedor de las multinacionales que saquean el país.
Partidos financiados por el Estado
La democracia exige la libertad de partidos, organizaciones creadas libremente por los ciudadanos y que responden a la voluntad de sus miembros. Para que esto sea así es preciso que sean los propios miembros y simpatizantes de los partidos quienes los financien con sus cuotas y su acción militante, manteniendo el control de sus finanzas.
La Constitución de 1978 impuso la financiación de los partidos políticos con fondos públicos, lo que los hace dependientes del Estado e independientes de la voluntad de sus miembros. Hoy, todos los partidos institucionales son financiados por la Monarquía y sólo una ínfima parte de sus ingresos viene de las cuotas y aportaciones de sus afiliados. De este modo se asegura su fidelidad al sistema, puesto que quien paga la orquesta elige la música que se va a tocar.
La Unión Europea aplica el mismo método a los partidos europeos, a los que financia y cuyo objetivo (definido por la propia UE en un reglamento) es “defender los valores de la Unión Europea”, es decir, el “libre mercado” y la “libre competencia no falseada” que exigen las multinacionales.
La banca y los negocios oscuros también financian
La banca también financia a los partidos institucionales, sobre todo por medio de supuestos préstamos cuya devolución no se exige y que acaban por declararse fallidos e incobrables, en lugar de ejecutarse por vía judicial, como la ley permite.
Y con la banca, las constructoras, las eléctricas… (el entramado económico de la Dictadura). Los escándalos puestos al descubierto demuestran que una importante fuente de financiación de los partidos institucionales viene de las recalificaciones de terrenos, los acuerdos urbanísticos y otros apaños relacionados con el ladrillo, especialmente en los ayuntamientos (asfixiados por el Estado y el déficit 0 de la UE), pero también en las diputaciones y las autonomías (mimadas por las multinacionales y los fondos europeos), y del trasiego de comisiones por facturas hinchadas, por falsos informes.
Cuando se constituyeron los primeros ayuntamientos elegidos, en 1978, los partidos de izquierda peleaban por las concejalías de Cultura. Hoy a quien reclama esa concejalía y no la de Urbanismo o la de Hacienda le toman por loco.
Nadie puede extrañarse de que quienes desde hace 30 años se mueven en este entramado delictivo aprovechen la ocasión para engrasar sus propias ruedas. Y 30 años de estos manejos han expulsado de la política municipal a muchos militantes socialistas y comunistas honrados que reaccionan con asco ante la corrupción, mientras ascendían individuos como Luis Roldán, Vera o Luigi.
El aparato de Estado que viene del corrupto franquismo
En la llamada Transición los dirigentes del PCE y del PSOE aceptaron una auténtica “ley de punto final” respecto de los crímenes del franquismo. Y no sólo de los delitos políticos, sino también de los vinculados a la corrupción inherente al régimen, que llegaba a la propia familia del dictador. Ni los funcionarios y altos cargos corruptos serían juzgados o depuestos, ni las grandes fortunas creadas con las contratas del estado, el estraperlo o el saqueo directo de los fondos públicos serían investigadas.
Los que hicieron fortunas con el franquismo siguieron a lo suyo, y siguen controlando la economía española junto con el capital internacional. El aparato judicial y policial que había amparado la represión política y la corrupción fueron declarados “demócratas” y no se depuró a nadie. Y siguieron haciendo de las suyas. Hasta ahora. Y encima protegieron a los “suyos”, como el Tribunal Superior de Valencia ha protegido a su amigo Camps. O como los jueces del Supremo protegieron a Botín en la estafa de las cesiones de crédito.
Negación de la democracia
La Monarquía que compra a los partidos institucionales, que se basa en un aparato de Estado corrupto desde su origen, es la negación de la democracia.
Como lo es que sólo los trabajadores paguen impuestos, mientras Bruselas se encarga de que las grandes fortunas y los especuladores se libren, protegiendo el “libre movimiento” de capitales.
La Unión Europea es en realidad la madre de todas las corrupciones. Todo economista reconoce que la especulación inmobiliaria tiene como causa fundamental el euro y los tipos del BCE. Añádanse los fondos europeos (lino, fondos regionales…) y la desregulación financiera que fomenta la economía sumergida.
Eso no es casualidad. La UE es la corrupción. Son instituciones liberadas de todo control efectivo de los ciudadanos, para ser instrumentos del capital financiero, sobre todo norteamericano. En una administración opaca como la de Bruselas, 15.000 lobbistas imponen las directivas elaboradas por bancos y multinacionales.
La agencia natural de esa maquinaria europea es el aparato franquista de la Monarquía, y las autonomías.
En realidad, la corrupción creciente la segrega la descomposición del capitalismo. Desde el 86, al abrigo de la desreglamentación, se ha multiplicado por dos la economía sumergida. La guerra de Iraq es una guerra semiprivatizada. Los estados son privatizados: las grandes empresas elaboran los planes energéticos, de infraestructuras, urbanísticos, sanitarios, de educación, que los gobiernos firman.
Limpiar los establos de Augías exige una República
Los trabajadores y los jóvenes reaccionan con asco ante esta situación que tiende a dejar muertas las agrupaciones socialistas o comunistas, a merced de los que pelean por cargos.
La corrupción de este régimen hace que muchos acaben por pensar que “todos son iguales”, alimentando la abstención electoral, que a su vez beneficia a los franquistas, que no ven problema en la corrupción de los “suyos” salvo cuando se crea mucho escándalo.
El trabajo de Hércules de acabar con la corrupción no es posible mientras sigan en pie el aparato judicial y policial, el aparato de Estado heredados del franquismo y que preside el heredero designado por el dictador. No hay democracia sin romper con la Unión Europea.
Hace falta acabar con las raíces del entramado corrupto. Y sólo puede hacerse con la ruptura democrática, con la destrucción del aparato franquista y la ruptura con Bruselas: con la República.
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