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 Actualizado: 23 de noviembre de 2009 

Nacionalizar Opel


Tras tres meses de negociaciones sobre la venta de Opel, en las que estaban implicados varios gobiernos europeos, los sindicatos de las diversas factorías y los anunciados compradores, la canadiense Magna, en cooperación con el fabricante ruso Gaz y el banco Sberbank, el consejo de administración de General Motors ha anunciado que no iba a vender Opel, y que pondría en marcha “una reestructuración de sus operaciones en Europa tan pronto como sea posible”. De momento, los directivos de GM advierten de que mantienen el cierre de la fábrica de Amberes previsto por Magna. Y anuncian más cierres y despidos. Dice su vicepresidente, Smith, que “son necesarios recortes significativos”, y que prefiere efectuarlos de acuerdo con los gobiernos europeos (a los que exige nuevas ayudas) y los sindicatos, pero que la compañía tiene un “plan B” por si fuera necesario. Ante la amenaza de huelga, GM precisa esa amenaza: “si no llegamos a un acuerdo sobre la reestructuración, Opel quebrará”. En última instancia, amenaza con quedarse con la marca y fabricar los coches en China o donde sea.

La cuestión GM-Opel expresa las verdaderas relaciones entre el imperialismo norteamericano y los europeos. Sería un buen momento para releer “Europa y América” de Trotsky.


Una verdadera provocación

El 3 de noviembre, la canciller alemana Angela Merkel hablaba ante el Congreso de los Estados Unidos agradeciendo a este país “todo lo que el pueblo alemán les debe”. Durante la reciente campaña electoral alemana, Merkel presumía de que había conseguido salvar a Opel, que emplea a 50.000 trabajadores en Europa y 25.000 en Alemania.

En diciembre de 2008, cuando se declaró en bancarrota, la General Motors anunció su intención de vender la Opel o cerrarla. Implicando al gobierno alemán y tras duras negociaciones, se llegó a un acuerdo con Magna, que prometía, a cambio de que el sindicato aceptase la supresión de 3.500 puestos de trabajo y de conquistas clave (pagas extras, primas de vacaciones…), mantener todas las fábricas en Alemania. Otros gobiernos actuaron de manera semejante. Todo parecía arreglado, aunque la “salvación” se basaba en entregar 5.000 millones en ayudas para financiar 10.000 despidos en toda Europa.

Pero, apenas había puesto el pie en el avión que le llevaba de vuelta a Alemania, Angela Merkel se enteraba –como el ministro Sebastián y todo el mundo– de que General Motors había decidido mantener su control sobre la Opel dejando en nada el famoso “acuerdo”.


Un ataque a la industria europea del automóvil

General Motors, que sólo ha conseguido sobrevivir gracias a la inyección masiva de fondos públicos (50.000 millones de dólares) y la aceptación por el sindicato UAW del despido de decenas de miles y el pillaje de los fondos de pensiones de sus empleados y la implicación directa del gobierno norteamericano que posee un 60% de su capital se lanza ahora a la “reestructuración” de la industria europea del automóvil a cuenta del capitalismo norteamericano.

Según el punto de vista de los “medios financieros” se trata de una decisión positiva. Para esa valoración tienen especialmente en cuenta el balance de GM en su guerra contra el empleo. Así, el editorial del Financial Times del 5 de noviembre decía que: “las recientes transformaciones de General Motors en los propios Estados Unidos –donde ha eliminado 50.000 empleos– le dan una clara credibilidad”.


La Unión Europea, cómplice de la destrucción de la industria automovilística

El periódico de la patronal francesa Les Échos del 5 noviembre, recuerda que “con la ayuda del gobierno norteamericano, GM ha hecho saber que no puede tolerar, en la situación de guerra que se abre, que los europeos le disputen la menor parte del mercado. Los Renault, Volkswagen y otros constructores europeos se convierten en víctimas de una increíble distorsión de la competencia”. El diario patronal se queja, revelando a la vez el verdadero papel de la UE: “Sujetas al control de la comisión europea, que vela para que las ayudas estatales no falseen la libre competencia, no pueden beneficiarse de un apoyo financiero público masivo más que si aceptan, a cambio, ceder parte de sus actividades (…) Para el automóvil europeo, la conclusión de este folletín industrial es cruel. El exceso de capacidad productiva que penaliza a todos los constructores no va a desaparecer: la parte del mercado que iba a dejar Opel ya no estará disponible. Y GM, que debía haber salido debilitada de la crisis, ha podido reforzarse sin pagar el precio de su lamentable gestión pasada”.

¿Hay que aceptar despidos y recortes y enfrentar a los trabajadores?

Cuando se anunció la venta de Opel y la oferta de Magna, los anunciados compradores pusieron como condición un recorte de plantilla. Y los gobiernos y los sindicatos aceptaron esta vía y empezaron a discutir qué ayudas públicas darían para llevarla a cabo.

Magna enfrentó a los trabajadores de Figueruelas (Zaragoza) y los de Eisenach (Alemania) por fabricar una parte de un modelo alegando que son más competitivos, y el gobierno español se lanzó a “salvar Figueruelas”, presionando a los sindicatos para que aceptaran recortes. La conclusión fue que los dirigentes políticos y sindicales forzaron a los trabajadores a tragar 900 despidos. De forma semejante, gobiernos y dirigentes impusieron 600 despidos en Gran Bretaña, 3.500 en Alemania, el cierre en Amberes (Bélgica). Unos 9.000 despidos fue la respuesta que los gobiernos europeos lograron arrancar a los sindicatos, cuando GM dijo que se desentendía. Y ahora GM quiere partir de las concesiones ya hechas para arrancar otras más.

Tras la estela de Opel irán las demás automovilísticas, forzando a los trabajadores y los sindicatos de Ford, Seat, Renault, Citroen, etc. a aceptar nuevos recortes de plantilla, de salarios y de derechos.

Renault negocia la eliminación de 500 contratos (con 18-21 mensualidades), y Seat anuncia que sus pérdidas se multiplican por 7. Nissan va por el cuarto ERE en Ávila, y en Barcelona, tras despedir a 700, pone en regulación a 2.000 más. Lear traslada la producción a Marruecos y Hungría, cierra la fábrica de Roquetes. Renault exige a los trabajadores de Sevilla concesiones para mantener la producción de cajas de cambio a montar en la gran factoría que prepara en Tánger, amenazando si no con llevarse toda la producción a Tánger.

Pero los trabajadores del bajo Ebro y sus organizaciones no lo aceptan. Se manifiestan masivamente en Tortosa, y ahora en Barcelona. En los Estados Unidos, las instancias sindicales de Ford se han sublevado ya contra la subordinación de la dirección sindical a la empresa “para superar la crisis”: no más sacrificios. Por primera vez desde 1982 una propuesta de convenio hecha por el sindicato ha sido rechazada en referéndum por los trabajadores, más de un 80% se han pronunciado en contra de nuevos recortes y sacrificios. La disposición a defender las conquistas obreras existe. Falta que las organizaciones le den forma organizada.


La lucha por la prohibición de los despidos está más a la orden del día que nunca

El Gobierno dice que hay que “negociar” con GM partiendo de aceptar 900 despidos. No parece distinta la posición del gobierno de Aragón. Es decir, que hay que tragar más despidos y están dispuestos a subvencionar los despidos. Y no sólo en Opel. Todo recorte de empleo, salario o derechos en Opel abre la vía a que la “competencia” exija a su vez a los trabajadores que acepten nuevos recortes.

La presión de la multinacional norteamericana y de los gobiernos se deja sentir, y leemos con alarma la siguiente información: “los representantes sindicales de Opel exigieron ayer de forma unánime a la multinacional un plan industrial hasta el 2014 como condición para participar en la ayuda financiera, que comportará probablemente recortes salariales y mejoras de productividad (…) que GM no tome decisiones unilaterales como el cierre de plantas o despidos forzosos sin haberlo negociado antes”.

Estas declaraciones encajan en la política de la convocatoria de una manifestación en Madrid el 12 de diciembre por parte de CCOO y UGT, que no recoge el grito fundamental de los trabajadores desde hace un año: “basta de despidos, basta de eres”.

Los sindicatos fueron creados para defender el valor de la fuerza de trabajo, y no los beneficios de las multinacionales. No fueron creados para aceptar la “libre competencia” y los despidos, sino para defender a los trabajadores y el empleo, para combatir contra todo despido. Hay que exigir que defiendan todos los puestos de trabajo en Opel y en las demás fábricas del automóvil, lo que exige la nacionalización de Opel, empresa en la que tantos recursos han volcado el gobierno español y el gobierno regional.

Por eso hay que exigir a las organizaciones que convoquen una gran marcha unitaria a Madrid por la prohibición de los despidos. Hay que plantearlo desde cada empresa, en cada instancia sindical, organizando delegaciones a los dirigentes de UGT, CCOO, PS, IU-ICV. Hay que agrupar sectores del movimiento obrero en esta campaña, preparando como primer paso las más amplias delegaciones al mitin estatal de febrero en Madrid.