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Actualizado: 10 de diciembre de 2009
Refundar la izquierda
Izquierda Unida aprobó en su Consejo Federal iniciar un proceso de refundación de la izquierda y ha dado los primeros pasos en ese sentido. IU se propone abrir de inmediato foros de debate sectoriales y territoriales y culminar el proceso con una Asamblea de Refundación en el primer semestre de 2010.
Creemos que hace falta que la clase trabajadora recupere una representación política fiel, un partido obrero que defienda los intereses de la mayoría rompiendo con la Monarquía, la OTAN y la Unión Europea. En última instancia, los trabajadores necesitan un instrumento para tomar el poder político. Los militantes que se agrupan en torno a IU deben tener un lugar en la lucha por la independencia política de la clase trabajadora.
La propuesta de Izquierda Unida
Según la “guía para la refundación de la izquierda”, aprobada prácticamente por unanimidad en el Consejo Político Federal de IU, de 10 de octubre de 2009, “el proceso de refundación en que estamos inmersos no es solamente de IU, sino de toda la izquierda alternativa y transformadora, en torno a una propuesta política anticapitalista”.
El término anticapitalista, tan de moda, es una palabra sin significado claro. Parece definir a todos los que se oponen de una u otra manera al orden reinante, sin plantear necesariamente la abolición del sistema basado en la propiedad privada de los medios de producción y la implantación de la propiedad social, de un gobierno de los trabajadores y los explotados. En este contexto, izquierda “alternativa” y “transformadora”, ¿no se opone a “revolucionaria”?
¿Crisis del neoliberalismo o del capitalismo?
El Llamamiento por la refundación de la izquierda que abre el proceso habla largamente del neoliberalismo, que “ha entrado en crisis. No ha muerto y hay intentos serios de recomponerlo. Pero sus recetas económicas, su influencia ideológica y su modelo de civilización están a la defensiva”, lo que “abre nuevas oportunidades para aquellas y aquellos que creemos en una convivencia más justa y solidaria, en un modelo económico acorde con las necesidades de las personas y del medio ambiente, en la posibilidad y en la necesidad de una sociedad distinta”.
No nos gusta el término neoliberalismo, que muchos utilizan para diferenciar entre un capitalismo “progresivo” y otro “neoliberal”. Lo que ha entrado en crisis es el modo de producción capitalista, que a partir del comienzo del siglo XX entra en su fase imperialista, basada en el predominio del capital financiero (fusión del capital industrial y el capital bancario), de la especulación sobre la producción, en la destrucción de fuerzas productivas (y en primer lugar, de la fuerza de trabajo), en el desarrollo creciente de fenómenos parasitarios como las mafias, el narcotráfico, la economía de guerra, la corrupción. Basta con recordar que cada día se mueven en el mercado de divisas 3,21 billones de dólares (en el año se mueve una cantidad equivalente a 100 veces la producción mundial de bienes y servicios). Los llamados productos derivados (forma suprema de la especulación en bolsa) mueven al año 516 billones de dólares, o sea 13 veces la producción mundial de bienes y servicios. Para alimentar la especulación, el sistema fomentó una huida hacia adelante hacia el endeudamiento masivo... hasta que la burbuja explotó y estalló la crisis.
No cabe vuelta atrás. La izquierda no puede pretender, como los dirigentes del G-20, que haya la posibilidad de otro tipo de capitalismo, no especulativo, no “neoliberal”. Diferenciar el capitalismo del “neoliberalismo” ha sido la práctica de los altermundialistas, para quienes “otro mundo es posible” sin derribar el orden capitalista. La alternativa es destruir al capitalismo o adaptarse a él, con o sin la etiqueta “anticapitalista” (al capital le importa mucho más el contenido real que las etiquetas: durante años han gobernado para él partidos que aunque tenían raíces en el movimiento obrero y hablaban de socialismo hacían políticas que nada tenían de socialistas).
Algo que la propuesta de refundación de la izquierda de IU deja por resolver. La “guía para la refundación de la izquierda” nos habla de “procesos de convergencia” en la izquierda y nos dice que “son procesos complejos en los que se tienen que abordar los desencuentros del pasado, los enfrentamientos entre el reformismo y el anticapitalismo más explícito, entre la cultura de la intervención directa y las formas más institucionales de participación política”.
De eso se trata precisamente, de construir una “izquierda” basada en la participación en las instituciones del capital, de la monarquía y de la Unión Europea, o en la ruptura con ellas.
¿Refundar la izquierda del sistema o construir una organización para romper con él?
Izquierda Unida fue fundada en torno al PCE tras el inmenso movimiento que sacudió al Estado español a raíz del referéndum sobre la OTAN, que movilizó a cientos de miles de personas contra la traición de Felipe González. Un movimiento político que reclamaba la constitución de una alternativa política, en ruptura con el marco de la Monarquía, sometido a la OTAN y la Unión Europea.
El diario ABC, portavoz oficioso de la Casa Real, saludaba entonces el surgimiento de Izquierda Unida como “una fuerza necesaria para la estabilidad del sistema”, y explicaba que era necesario encuadrar a los miles de activistas movilizados por el referéndum para evitar que se creara una fuerza rupturista. Tras la victoria electoral de Zapatero el 14 de marzo de 2004, ABC volvía a editorializar lamentando la caída de IU y señalando que había el peligro de que surgieran fuerzas “antisistema” si IU no lograba canalizar ese movimiento.
ABC venía a recordar un hecho clave: Izquierda Unida se organizó sobre la base de la defensa de la Constitución de 1978 (es decir, de la monarquía presidida por el Borbón) y de la Unión Europea. Sobre la base de la participación en las instituciones de la Monarquía (básicamente a escala municipal, con entre 2.500 y 3.500 concejales, pero también en algún gobierno autonómico) y en el Parlamento Europeo. Se financia fundamentalmente no con las cuotas de sus militantes, sino con más de 6 millones de euros anuales de subvenciones del Estado. En este marco político, la diferencia entre las declaraciones “de izquierdas” y la acción cotidiana se impone un día sí y otro también.
El dilema es, pues, refundar la izquierda como ala “progresista” de la Monarquía y del “Estado de las Autonomías” o en ruptura con ellas. El Llamamiento por la refundación de la izquierda habla de construir “un nuevo proyecto político de tipo federal, republicano, feminista y socialista”, pero no dice una palabra de la derogación de la Constitución de 1978 o del derecho a la autodeterminación de las nacionalidades.
¿Qué política respecto del PSOE?
El PSOE sigue agrupando a la mayoría de trabajadores organizados. Toda “refundación” de la izquierda debe definir su actitud ante el PSOE: hasta ahora, IU ha oscilado entre la denuncia al PSOE (Anguita) o el apoyo “crítico” (como Llamazares), sin que ninguna de esas opciones la haya servido para avanzar.
Las relaciones de una organización “de izquierda” frente al PSOE deben partir de un solo punto de vista: la aspiración de los trabajadores de que sus organizaciones hagan la unidad en defensa de las reivindicaciones obreras y frente al capital: la Internacional Comunista llamó a esa política “frente único obrero”.
¿Es esa la orientación que propone la IU “refundada”. Sería todo un cambio. Hasta ahora, la nueva IU no ha salido de la combinación de la denuncia al PSOE más el altermundialismo.
¿Refundar la izquierda sin romper con la Unión Europea?
El 80% de las leyes que aprueban las Cortes españolas son meras transposiciones, traducciones a la legislación española de las directivas, sentencias y normas de la Unión Europea. Ahora se está discutiendo la Ley Omnibus, transposición de la directiva de servicios (la Bolkestein “muerta”, pero bien viva). Todas y cada una de esas nomas buscan imponer la “libre competencia no falseada” que exigen las multinacionales. Impiden las nacionalizaciones y las ayudas públicas para salvar empresas y puestos de trabajo, imponen las ayudas a los banqueros. Ni una sola de ellas es “de izquierdas”. La entrada en vigor del Tratado de Lisboa empeora esta situación.
¿Puede refundarse la izquierda, puede hacerse una política de izquierdas sin romper con la Unión Europea? Pensemos en la cuestión de las privatizaciones. Los miles de concejales de IU participan en cientos de gobiernos municipales, en solitario o en coalición. En el marco de la Unión Europea, que estrangula financieramente a los ayuntamientos, estos concejales se ven compelidos a privatizar servicios para hacer inversiones que los ayuntamientos no pueden financiar.
Y sin embargo, ni en el Manifiesto ni en la Guía por la refundación aparecen una sola vez las palabras “Unión Europea”.
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