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 Actualizado: 29 de diciembre de 2009 

Diez años de la Estrategia de Lisboa
¿a dónde nos han llevado?


Hace 10 años, la Cumbre de Lisboa de la Unión Europea anunció la llamada estrategia de Lisboa, un complejo plan de reformas económicas y sociales que todos los gobiernos deberían acometer. Según el glosario incluido en la web de la UE, “durante el Consejo Europeo de Lisboa (marzo de 2000), los Jefes de Estado y de Gobierno pusieron en marcha una estrategia denominada ‘de Lisboa’ con el fin de hacer de la Unión Europea la economía más competitiva del mundo y alcanzar el pleno empleo antes de 2010”.

Llama la atención que todos los que han estado defendiendo esa estrategia durante casi 10 años, guarden hoy un respetuoso silencio sobre el balance de la misma, ahora que ya estamos casi en 2010 y es que, desde luego, no nos ha traído el pleno empleo que prometieron: el paro en la UE afectaba en diciembre a 18 millones de personas, una tasa de 7,2%, y todas las predicciones coinciden en que no va a disminuir al menos en los dos próximos años.

Conviene hablar de esta cuestión, sobre todo ahora cuando la Presidencia Española de la UE se dispone a sacar adelante una estrategia “Eu 2020” que será según ellos la que nos saque de la crisis y cambie el modelo productivo. La Comisión Europea presenta esa “estrategia” como “la continuidad de la actual Estrategia de Lisboa que […] ha ayudado a la UE a capear la tormenta de la reciente crisis. EU 2020 edifica sobre sus logros”.


¿Qué es la estrategia de Lisboa?

Según la web de la UE, “esta estrategia se basa en tres pilares: un pilar económico, que debe preparar la transición hacia una economía competitiva, dinámica y basada en el conocimiento (...) un pilar social, que debe permitir modernizar el modelo social europeo (...) un pilar medioambiental”. El programa se aplica por medio de unas “directrices integradas para el crecimiento”, que “sirven de base tanto para el programa comunitario de Lisboa como para los programas nacionales de reforma”. Es decir, que las instituciones de la Unión Europea deciden, elaboran directrices de obligado cumplimiento para todos los gobiernos que éstos deben traducir en programas de reforma económica en cada país. Tanto los gobiernos de Aznar como los de Zapatero han aplicado estas directrices y han sometido a la aprobación de los capos de Bruselas sus Planes de Reforma, a la vez que remitían a las Cortes los proyectos de ley que traducían las directivas de Bruselas.


¿Cientos de miles de despidos para lograr el pleno empleo?

El “pilar económico” de la estrategia de Lisboa no es otro que la aplicación del principio básico de la Unión Europea, consagrado en los tratados de Maastricht y Amsterdam y reforzado en el nuevo Tratado de Lisboa: por encima de todo, la “libre competencia no falseada”, en nombre de la cual se impone la prohibición de que los gobiernos defiendan las industrias nacionales con ayudas públicas (que “falsean” la competencia), que se opongan a los cierres y deslocalizaciones. El mismo principio que ha llevado a la liquidación de las empresas públicas y que obliga a “liberalizar” servicios públicos como las telecomunicaciones, el correo o el transporte ferroviario. La Estrategia de Lisboa ha significado la privatización de muchos servicios públicos (Correos, aviación, telecos, electricidad, ahora la Renfe…)

Cientos de miles de empleos han sido destruidos en nombre de esta estrategia que dice buscar alcanzar el pleno empleo. Y sobre todo empleos de calidad, empleos fijos con buenos salarios en trabajos especializados. A cambio, la estrategia de Lisboa ha creado empleos precarios, poco cualificados y/o mal pagados. En ella, los jóvenes con formación profesional o académica sólo pueden aspirar a ser mileuristas en España o seiscientoseuristas en Grecia.

¿A quién ha beneficiado esta estrategia? A las multinacionales, sobre todo a las de los Estados Unidos que han podido adueñarse de sectores enteros privatizados o “liberalizados”. También otros especuladores se han beneficiado. Sin ir más lejos, ahora que está en quiebra Air Comet, hay que recordar cómo esta empresa fue adquirida por la privatizada Marsans de Díaz-Ferrán, y el Estado le entregó Aerolíneas Argentinas y le dio 700 millones para comprar aviones y desarrollar la compañía, en la que también originaron un desastre.

En cuanto al “pilar social” que debe “reformar el modelo social europeo”, todos sabemos de qué se trata: de recortar derechos como la jubilación o la protección frente al despido, de asfixiar económicamente y privatizar los servicios públicos, de recortar los salarios reales. Basta con constatar que la renta media de los trabajadores agrarios ha caído un 12,7% desde 2005, y la de los trabajadores en general, un 2%, mientras que los beneficios de los especuladores se disparaban.


La Confederación Europea de Sindicatos, agente de la estrategia de Lisboa

En el año 2003, la mal llamada Confederación Europea de Sindicatos aprobaba en el programa de acción de su X Congreso lo siguiente: “El X Congreso compromete a la CES a: (...) Trabajar para la aplicación de la estrategia de Lisboa, especialmente el compromiso de ‘crear más empleos y de mejor calidad’, el pleno empleo y la creación de una sociedad basada en el conocimiento, con una política que permita una tasa de crecimiento anual sostenible del 3%, sustentando la estrategia”.

La CES también se comprometía a “sostener las iniciativas hacia un gobierno económico europeo más eficaz y una reforma del marco de la política monetaria y fiscal, como condición necesaria para un mayor crecimiento y más empleos, garantizando que los distintos instrumentos de las políticas sean utilizados para responder a los objetivos estratégicos fijados por la Unión, especialmente en la Cumbre de Lisboa, que permita lograr la estrategia de Lisboa”.

Ese mismo Programa de Acción de la CES proponía más adelante: “Promover la política industrial como una herramienta estratégica para llevar a cabo la estrategia de Lisboa, explotando al máximo el potencial de empleo de la industria, para anticipar y gestionar el cambio y para construir una economía del conocimiento, teniendo en cuenta el desafío de la reestructuración en sectores y ramas específicos”. De manera que la CES se compromete no sólo a apoyar la estrategia de Lisboa, sino incluso a apoyar la “reestructuración” de “ramas y sectores específicos” de la industria, disponiéndose a “anticipar y gestionar el cambio”

En el XI congreso de la CES, en 2007, ésta renovó su juramento de fidelidad a la Unión Europea y a la estrategia de Lisboa, en el Manifiesto de Sevilla donde la CES prevé “pasar a la ofensiva” “por una gobernanza económica, social y medioambiental europea más eficaz, que incluya relanzar la estrategia de Lisboa y redefinir urgentemente sus términos de referencia y su lugar en la construcción europea”. Hoy, la CES mantiene su posición de apoyo a la estrategia de Lisboa y expresa su preocupación por la “desafección” de los trabajadores hacia la Unión Europea.

La posición de la CES no es una anécdota, porque afecta a nuestros sindicatos, a CCOO y UGT. Por un lado, defienden unas reivindicaciones. Por otro, la sumisión a la CES supone aplicar su política. Así, UGT hace jornadas sobre la estrategia de Lisboa. CCOO analiza la Ley de Economía Sostenible desde la Estrategia de Lisboa y su continuidad… Ambas confederaciones se han dirigido al Gobierno apoyando la posición de la CES de que la estrategia post-Lisboa “combine la Estrategia de Lisboa con la Estrategia Europea de Desarrollo Sostenible” (ver nuestra Carta anterior) y reclamando la participación de los sindicatos en la elaboración de esa “estrategia” cuyo planteamiento se ha demostrado en estos 10 años radicalmente contrario a los intereses más elementales de los trabajadores.